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¿Por qué cuando nos duele el estómago no se nos ocurre acudir a un médico pediatra, o cuando nos torcemos un pie, al neurólogo? Todos sabemos que cuando tenemos un problema dental debemos ir al dentista o que cuando nuestro niño se pone enfermo debemos ir al pediatra… E incluso sabemos que cuando se nos rompe una tubería tendremos que llamar al mejor fontanero que conocemos. En cambio, cuando sufrimos un accidente de tráfico, tendemos a acudir a las primeras personas, en el mejor de los casos profesionales, que nos encontramos. No le damos importancia a su grado de especialización y nos confiamos a ciegas con alguien que no nos puede ofrecer lo que en ese preciso momento necesitamos y merecemos.

A modo de ejemplo, puedo hablar de miles de familias, con nombres y apellidos, con las que he trabajado estrechamente durante mis 10 años como técnico especializado, y que han sido atendidas en primer lugar por administrativos de servicios de atención al cliente, trabajadores sociales de servicios sociales, psicólogos de servicios judiciales, abogados dedicados a gestionar subvenciones agrícolas…

En realidad, cuando hemos sufrido un accidente, en ese concreto instante en el que se nos mueve algo por dentro, que nos dice que debemos empezar a buscar ayuda, no somos conscientes de la importancia de ser atendidos por profesionales especializados. Entre otras cosas, porque es un momento de total desestructuración mental, la vida que teníamos hace unas horas ha cambiado de forma brusca e incluso a veces, para siempre.

Las consecuencias de esta desafortunada decisión, son muchas y de muy difícil resolución. Entre otras, y poniendo ejemplos de personas concretas, nos encontramos con mala gestión de la documentación a la hora de solicitar los reconocimientos de discapacidad; terapias psicológicas que se cronifican porque los profesionales confunden un Síndrome por Estrés Postraumático con un Proceso de Duelo; o incluso personas que no han podido recibir la indemnización que les correspondía y, a veces, ni un solo euro como indemnización porque su abogado no ha profundizado tanto en el caso como debería… Como ven, en la mayoría de los casos el factor común de las dificultades, con las que deberán convivir las víctimas a raíz del accidente de tráfico, es la poca especialización de los profesionales que informan, orientan, asesoran, gestionan (y así un largo etcétera) durante todo el proceso en el que se ven envueltos.

Además, debemos añadir la dificultad que tienen los poderes públicos por dar difusión de los recursos que existen concretamente para este tipo de víctimas, que aunque superan tanto en fallecidos como supervivientes a otro tipo de víctimas, históricamente han sido de segunda.

Hasta hace bien poco, no ha existido ningún número de teléfono al que poder llamar y al que cualquier persona pueda recurrir desde cualquier lugar, ni si quiera existe un protocolo estandarizado de atención a este tipo de víctimas… No quiero relativizar el dolor de otro tipo de víctimas, pero me pregunto el por qué se da más prioridad a cierto tipo de sufrimiento en detrimento de otro, el por qué tantas familias rotas tiene menos importancia que otras…

Desde la Asociación Estatal de Víctimas de Accidentes DIA, trabajamos desde el 2003 para que aquellos que sufren las consecuencias de los accidentes de tráfico reciban el apoyo profesional especializado que merecen, con equipos técnicos compuestos por Trabajadores Sociales, Psicólogos y Abogados dedicados en exclusividad a este tipo de víctimas.

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