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Nada menos que 8 millones de conductores creen poder burlar a los controles de alcoholemia. Sin embargo, un reciente estudio ha echado por tierra muchas de las creencias populares como son beber agua, chupar granos de café o hacer ejercicio. Ninguna de ellas funciona a la hora de querer engañar al alcoholímetro. Al volante, mejor no correr riesgos.

Y es que casi la mitad de los españoles ha oído hablar alguna vez de estas trampas. De hecho, unos 2,6 millones de conductores las han utilizado para no dar positivo. El estudio “Mitos y falsas creencias sobre los controles de alcoholemia” elaborado por Línea Directa es tajante: no funcionan. Para ello, ha testado la supuesta efectividad de algunos de estos ‘trucos’ en un hombre 75 kilos y en una mujer de 69 kilos a los que se les dio cerveza, vino y combinados hasta alcanzar la tasa máxima permitida de 0,25 mg/l en aire espirando. Ninguno funcionó.

Según datos de la DGT y el Instituto Nacional de Toxicología, del 47% de los  conductores fallecidos en 2012 que dio positivo en diferentes sustancias analizadas, el 74% había ingerido alcohol. Aproximadamente un 25% del total de estas víctimas analizadas dieron positivo en más de una sustancia. De estos datos se desprende que el alcohol es la sustancia toxicológica con mayor presencia en los accidentes de tráfico mortales. De hecho, según datos de Tráfico correspondiente a los accidentes en el año 2011, el 17% de los conductores españoles conducen después de haber consumido sustancias psicoactivas, entre ellas el alcohol.

Pese a estos datos, el estudio indica que algunos conductores intentan alterar las pruebas de alcoholemia poniendo en práctica algunos ‘trucos’, que responden a una serie de mitos y creencias populares. Un tercio de los entrevistados (30%) afirma creer que existen trucos que  practican algunos conductores para engañar a los controles de alcoholemia y  no dar positivo.  En mayor medida lo piensan los conductores más jóvenes (entre 15 y 29  años), que, además, utilizan herramientas tecnológicas (como Whatsapp,  Internet o redes sociales) para evitar los controles de alcoholemia.

A pesar de todo, aunque un 44% de conductores han mencionado algún truco, más de la  mitad (56%) desconocen su existencia.  Entre los trucos más conocidos o populares destacan, por orden: Beber, chupar o ingerir café; esperar más de 2 horas antes del control; tomar caramelo o chicle; beber agua o tomar hielo; hacer deporte y sudar; tomar azúcar; esperar 1 ó 2 horas antes; beber aceite; dormir un rato antes; tomar almax; tomar pasta de dientes; comer; beber leche; tomar medicamentos; soplar despacio, poco, rápido o no soplar bien.

En esta línea, el informe ha identificado algunas ‘soluciones’ un tanto llamativas como: masticar césped, lamer baterías de litio, chupar monedas, consumir drogas, utilizar inhalador de asma, tomar sal y devolver, tener lesiones en el labio para no hacer la prueba o beber clara de huevos. El 73% manifestaron que los ‘trucos’ han sido conocidos a través de amigos. Un 23% a través de compañeros de  trabajo, y el 14% a través de familiares. Sin embargo, sólo el 10% de los conductores reconocen haberlos utilizado alguna vez.

Destacar que la gran mayoría de ellos (91%)  no ven socialmente aceptable que se intente engañar a los controles de  alcoholemia con trucos. Los conductores que más rechazan estas prácticas  son las mujeres y los mayores de 50 años. Sin embargo, un 9% sí que lo considera aceptable, sobre todo los conductores más jóvenes (entre 15 y 29 años), los residentes en la  Comunidad Valenciana, los que usan dispositivos para eludir los controles y  los que reconocen haber conducido después de haber ingerido alcohol.

Por último, indica que casi 9 de cada 10 conductores (86%) piensan  que los controles de alcoholemia son una medida de prevención. Los que menos de acuerdo están  son los conductores comprendidos  entre los 30 y los 39 años (que coincide que son los que mayor índice  de mortalidad presentan en accidentes de tráfico con influencia del  alcohol), los conductores aragoneses, y aquellos que ven socialmente  aceptable utilizar trucos para evitar dar positivo. El 47% de los conductores  piensan que se realizan muchos controles de alcoholemia y un 35% pone en duda su efectividad. Uno de los datos que más llama la atención es que un tercio de los conductores españoles (32%) reconoce haber conducido alguna vez pensando que podría dar positivo en un control de alcoholemia. Esto significa que seguramente habían bebido más de lo permitido legalmente para conducir. Se trata de un porcentaje demasiado elevado, sobre todo por el riesgo que supone conducir bajo los efectos del alcohol e indicando así la poca percepción del peligro al que hacen frente.

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