Comparte esta noticia:

El presidente de la Asociación Estatal de Víctimas de Accidentes DIA y de Fundtrafic, Francisco Canes, ha escrito una columna de opinión en el Boletín Diario de Seguros de INESE. En Actualidad Vial procedemos a reproducir sus palabras debido a la importancia y trascendencia de éstas en lo que respeta a la reforma del baremo y a la difícil situación que tienen que atravesar las víctimas de accidentes de tráfico y los muchos intereses:

“De todos es sabido que cuando tenemos la suerte de tener un accidente es como si nos tocase la bono loto. Son miles las familias que cuando son llamadas desde un hospital para decirles que acaban de atropellar a su hijo o desde la policía para explicarles que su marido y padre de sus hijos ha muerto empiezan a pensar en qué van a gastarse la sustanciosa indemnización que van a recibir.

Tampoco hay que ir a los extremos porque también le toca un premio a ese chico que, después de tener un siniestro sin culpa, pasa unas semanas en el hospital, se queda algo cojo, pierde el trabajo de electricista y le queda la importante prestación de 300 euros al mes, con la que puede hacer cursos de reciclaje profesional y encontrar rápidamente ese empleo administrativo que siempre había soñado, aunque cojo y dolorido. Casos de ciudadanos y familias afortunadas hay decenas de miles todos los años.

La suerte empieza por el taxi que tienes que coger, por esos turnos al lado de la cama en el hospital, por la gracia que tiene ver quién coge a los niños del cole, quién les prepara la merienda, esas horas más de guardería que tienes que pagar, esa no renovación del contrato por que estás de baja, los días que pierdes de vacaciones para estar en el hospital o en casa al lado del accidentado, esos gastos que aparecen y que nadie te devolverá, etc.

El proceso para gestionar adecuadamente esta potra que has tenido es el siguiente: cuando tienes un accidente lo mejor es que te lleven a un hospital donde el personal te recomiende abogados o que, si mueres, sea la propia policía la que le facilite a tu viuda un teléfono de alguien “experto” y de confianza. Igual no tienes ni que molestarte porque ya te llamarán haciéndose pasar por una asociación de víctimas. Eso sí, prepara el 15% o el 20% de porcentaje sobre el total de los gastos y de la indemnización, pero un buen profesional vale eso y más. Realmente es una ganga y los colegios de abogados así deben verlo.

También tendrás apoyo de mucha gente que te aconsejará: exagera, di que te duele aquí o allí, a mi compañero de trabajo le dieron el oro y el moro por algo parecido, el abogado que me llevó el divorcio es muy bueno,…. Es como cuando estás embarazada o tienes un bebe, si hicieses caso de todo lo que te dicen te volverías loco. A estas alturas empiezas a comprender que esto es un gran negocio pero, sorpresa, no para ti ni para tu familia, para todos los que aparecen. El fisio, que a lo mejor no te hace falta, pero te han recomendado que lo uses, el psicólogo para el stress post traumático, el médico valorador que también mola, tú pagando para que cuando recuperes lo gastado te desaparezca una parte en minutas. Bueno, pero estas ayudando a mantener la actividad económica de estos profesionales, eres como una ONG. Tú tienes miedo, ansiedad, dolor, preocupación, gastos, te sientes como si fueses un atestado, un expediente de siniestro, un número de diligencia y, lo más importante, un delincuente que quiere defraudar y que se convierte de víctima a sospechoso.

“No te dejes ver por el médico de la compañía”. ¿Alguien cree que esto es un capricho? No, es un problema de  desconfianza, desconfianza ganada a pulso. Forenses los hay de muchas clases desde ese que va conmigo al parque con los niños, que van al mismo cole, que me tratará bien hasta, el que actúa como un inquisidor cuestionando los informes de un hospital público y mi decencia como persona. Nuestra afortunada víctima puede llevar informes que digan que ha estado 90 días de baja, que el forense hará lo que crea justo y a lo mejor, como eres un sinvergüenza, te concede 31 porque los informes de secuelas del jefe de servicio de un hospital público y los días de baja le parecen exagerados. Esa víctima, en su candidez, piensa que porqué no llama al jefe de traumatología, que seguro le explica las cosas, en vez de hacerme sentir como un aprovechado. Señor abogado ¿podemos pedir una revisión de esta valoración? Respuesta: esto puede ser peor, mejor dejarlo así.

Tampoco hay que llamar mucho preguntando cómo va lo mío: Sr. O Sra. letrada, lo tuyo es otro caso más que verá pasar los meses. Puedes estar asustado, puedes ver que nada avanza, te dejan de lado. “no insista, cuando haya algo ya le llamaremos”. Eres un cliente, pero también eres un pesado. Los  abogados son, en una mayoría de los casos, entes abstractos que los verás dos o tres veces y, quizá, el día del juicio para decirte, después de tanto tiempo de espera y dudas, que es mejor llegar a un acuerdo, que los juicios son una lotería. Otras figuras que nos ayudan, y que se preocupan por saber realmente cómo lo estamos pasando sin una pierna o sin mi hijo querido, que nunca volveré a ver, son los jueces, fiscales. Salvo honrosas y contadas excepciones, en la Fiscalía de Seguridad Vial eres un número diligencia en un juzgado.

Hasta ahora hemos hablado de un grupo de personas dispuestas a ayudarte y ahora vienen las aseguradoras. Las aseguradoras no son como tú, una ONG, son empresas que deben tener beneficios. Se ha reducido la siniestralidad con víctimas, hay más vehículos asegurados, se han ajustado las tarifas de los profesionales que trabajan para las compañías, la gestión de procesos se ha abaratado pero tenemos un gran problema; la guerra de precios, guerra de precios que alguien debe pagar. El que quiera un coche que pague de seguro lo que corresponde porque lo que se deja de pagar repercute, obligatoriamente, en los mediadores, los talleres, los reparadores, los peritos, los abogados de las compañías, las clínicas… pero especialmente en las víctimas y sus familias.

La mayoría de las aseguradoras siguen ancladas en criterios erróneos, la desconfianza ante los cambios profundos y en una cultura empresarial anticuada; se prima la indemnización sobre la atención y la curación, deben esforzarse en revertir la mala fama mediante la implantación de políticas sociales, realmente la gestión adecuada de los siniestros no tiene porqué encarecer las indemnizaciones y es una importante herramienta de imagen y de mejora en situaciones dramáticas o complicadas. Una atención adecuada reduce la conflictividad y mejora la reputación de marca, limita la aparición de agentes extraños, reduce los tiempos de resolución,…

El sistema es malo, muy malo. Ya no es el baremo, es todo lo que rodea al siniestro y todo debe ser revisado. Si alguien pensaba que el baremo es el problema y su revisión la solución se equivoca. Saldrán a relucir los cuchillos para tener un parapléjico o un daño cerebral de cliente. Las víctimas y sus familias merecen un trato más digno que el que reciben y las aseguradoras, con su política de indemnizar antes de preocuparse por la curación, son las principales responsables de todos los problemas que he nombrado anteriormente e, incluso, ese afán defraudatorio de unos pocos, esas intervenciones desafortunadas y erróneas de algunos profesionales, tienen unas causas estructurales derivadas de esa gestión exclusivamente monetaria. Que nadie se asombre: las víctimas dan a ganar mucho dinero y la avaricia y la necesidad dan pie a muchos comportamientos poco éticos.

Para nosotros es esencial tratar a las personas como se merecen, con cercanía y con respeto. DIA, la asociación estatal de víctimas de accidentes, ha intentado un acercamiento con las aseguradoras para trabajar conjuntamente en la mejora de la atención a víctimas y familias. Realmente, y a la vista de que nuestras propuestas duermen en los cajones, veo muy difícil ese paso adelante y que podamos colaborar en nada. Lo hemos intentado.”

Comparte esta noticia:

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.