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A partir del próximo día 1 de noviembre todos los modelos nuevos de turismos y vehículos industriales ligeros que se comercialicen en cualquier estado miembro de la Unión Europea (U.E.) deberán incluir de fábrica el control de estabilidad. Esta sistema era ya obligatorio para turismos  fabricados desde noviembre de 2011. Esta medida se hace ahora extensible al resto de vehículos.

Desde noviembre ya no será posible vender, en ningún estado miembro de la Unión Europea, un coche o una furgoneta nuevos que no hayan salido de fábrica con el Control Electrónico de Estabilidad, y la obligatoriedad de incorporar este sistema se hará extensiva también al resto de vehículos, a excepción de las motocicletas, conforme establece el Reglamento (CE) nº 661/2009, recuerdan desde Centro Zaragoza.

Los sistemas de control de estabilidad reducen el número de accidentes graves hasta en un 50% y evitan hasta el 80% de los accidentes por derrape, según diferentes estudios. Y es que junto con el cinturón de seguridad se ha convertido en el sistema de seguridad más eficaz que ha existido.

¿Cómo funciona el control de estabilidad?

Coloquialmente conocido como “ESP” (por sus siglas en inglés “Electronic Stability Program”), también recibe el nombre de DSC (“Dynamic Stability Control”), según el fabricante.

El ESP o control de estabilidad detecta de forma instantánea cualquier diferencia de giro entre las ruedas del vehículo, lo que es entendiendo rápidamente como un deslizamiento de uno de los trenes rodantes. Al conocer con exactitud qué rueda está girando a diferente velocidad de las demás, sabe qué tipo de deslizamiento se está produciendo (subviraje o sobreviraje) y actúa frenando de forma selectiva las diferentes ruedas para reducir el deslizamiento y recuperar la trayectoria.

ESP

 

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