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A raíz del eco mediático que han tenido algunos accidentes graves en los que estaban implicados conductores de avanzada edad se ha puesto sobre la mesa el debate sobre la edad de conducción.

Hace tan solo unos días la DGT publicó un artículo en su revista digital de abril de 2016, donde pone de manifiesto la preocupación por el envejecimiento de la población, y por ende de las personas que conducen en nuestro país.  Comparando los datos de 2008 y 2014 se perciben cambios notable: por ejemplo, entre personas de 75 a 79 años el porcentaje de conductores aumentó de un 55,3% en 2008 a un 65,1% en 2014, y el de conductoras creció del 5,8% en 2008 al 10% en 2014.

piramide conductores ene 2016

Imagen extraída de la Revista DGT Abril 2016

 

¿Debería haber una edad máxima para conducir del mismo modo que hay una mínima para obtener el permiso?

Teniendo en cuenta que conducir o no conducir condiciona en gran medida la libertad de movimiento que tiene cada individuo, no parece apropiado establecer una tabla rasa para medir las capacidades de todos los conductores y conductoras por sólo por una cifra: la edad. Del mismo modo que no es el cumplir 18 años lo que hace a las personas conductoras, tampoco debería ser el cumplir 75 años -por ejemplo- lo que inhabilite a una persona para coger el coche. Esta discriminación debería tener en cuenta las capacidades objetivas de cada conductor.

Existen otra serie de posibilidades:

Reducir el periodo de validez de los permisos de conducir: de forma que haya un control más continuo, no solo en el aspecto psicofísico de los conductores o futuros conductores, sino también en el ámbito de la formación. Los periodos de tiempo que le dan de validez a los permisos de conducir son tan largos que no solo cambia, o puede cambiar las condiciones psicofísicas de las personas, en este caso los conductores, también cambia la normativa en materia de tráfico con el tiempo, y en este ámbito la mayor parte de los conductores tienen un desconocimiento absoluto, por no hablar de la adquisición de malos hábitos en la conducción.

Que el conductor acredite de alguna forma la actualización de sus conocimientos: de este modo se podría prorrogar o no la vigencia del permiso.

– Modificar los trámites para los reconocimientos médicos: crear una fórmula para regular los reconocimientos que permiten la obtención o prorroga de los permisos de conducir. Sería interesante que los facultativos de los centros de reconocimiento tuvieran acceso a los datos médicos relevantes para la conducción, o que fueran los propios médicos de cabecera o especialistas los que pusieran los limites.

La finalidad es sólo una: que el estado psicofísico de los conductores esté más controlado, que no solo se controle la audición, la vista, y poco más. Existen criterios suficientes para determinar que patologías, qué enfermedades o tratamientos médicos pueden implicar la reducción de los periodos de vigencia de los permisos de conducir, e incluso cuáles impedirían tanto la obtención como la prórroga de vigencia. Sólo falta voluntad política para abordar un problema que, según la tendencia de envejecimiento y el estilo de vida actual, puede aumentar a largo plazo.

 

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