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Se reabre el debate sobre los coches con piloto automático a raíz del primer fallecimiento a nivel mundial de una persona que conducía en modo automático.La razón de ser de los vehículos con autonomía para la conducción es imitar las capacidades de manejo y conducción de los humanos para circular de un modo autónomo manteniendo las medidas de seguridad y automatizando las respuestas a los imprevistos que en la carretera puedan surgir. Se trata de una tecnología que pretende por una parte facilitar la conducción de personas que pasan muchas horas en la carreteras y por otra reducir la siniestralidad vial, aunque las utilidades todavía pasarán por diversas fases de revisión. La primera experiencia fue lanzada por Mercedes-Benz en 1980, y posteriormente la Comisión Europea financió el proyecto EUREKA Prometheus.

La polémica está servida, defensores y detractores contruyen posturas contrapuestas con argumentos que giran entorno a conceptos como la responsabilidad individual, la seguridad, el azar, la tecnología o la ética. El debate se ha intensificado recientemente después la que la noticia del primer fallecimiento de un conductor de coche con piloto automático se hiciera viral. El conductor tenía 45 años y era un fiel seguidor de las últimas teconologías, hasta el punto de publicar en su canal de Youtube decenas de vídeos, entre ellos de él mismo conduciendo el Tesla S en el que falleció el pasado mes de mayo en Florida (EEUU). Se trata de la primera vez que una persona muere en tales circunstancias: habiendo delegado completamente la conducción en el piloto automático. En el accidente se vio involucrado un camión con remolque que circulaba por una vía perpendicular y con el que chocó el Tesla S.

La Administración Nacional de Seguridad en el Transporte de los Estados Unidos (NHTSA) y Tesla, la multinacional responsable de la fabricación del coche, ya han comenzado las investigaciones para esclarecer qué es lo que pudo pasar, mientras el resto del mundo ha recibido la noticia con temor y desconfianza. ¿Qué falló? Desde Tesla se apresuran a aclarar que el sistema de piloto automático es sólo una ‘función de ayuda’ y que se trata de la primera muerte que acontece en las 130 millones de millas que se han probado con autopiloto.

Las opiniones, como es habitual en estos casos, son muy dispares entre la población. Hay que mencionar que la mayoría de los expertos en movilidad asistida priorizan los ‘pros’ por encima de los ‘contras’ y tienen claro que la extensión de una conducción asistida conllevará en un futuro no muy lejano la reducción de accidentes de tráfico. Véase el siguiente ejemplo donde el coche con piloto automático realiza una rápida esquiva hacia la derecha cuando los sensores laterales detectan que una camioneta se aproxima a él.

No obstante, entre los expertos en seguridad vial existen ciertas dudas, “va en contra de las habilidades del conductor”, nos comenta Eugenio Martín, Responsable de Seguridad Vial de Fundtrafic. Eugenio reconoce que todo lo que sea automatizar ciertas funciones del coche y potenciar la seguridad debe ser acogido con entusiasmo, pero advierte sin embargo que no conviene transmitir a la población la idea de que se trata de coches que ‘conducen solos’: “el conductor es el último responsable de lo que suceda con su coche, y como tal debe mantener siempre una actitud responsable al volante, lo que denominamos conducción defensiva”.

En otro orden de cuestiones nos encontramos con el dilema ‘ético’, una serie de planteamientos que surgen cuando comenzamos a analizar el asunto detenidamente. ¿Podría enfrentarse el sistema de piloto automático a decisiones que van más allá de la tecnología y lo pragmático? Pensemos en una situación en la que existan dos obstáculos susceptibles de impactar, por la distancia, con nuestro coche autónomo. Uno de ello es una pared, otro es un grupo de personas y el único modo de no atropellar a esta gente sería impactar contra la pared. ¿Cómo tomaría el vehículo esa decisión en caso de que el/la conductor/a se haya despistado?

La tecnología no puede sustituir muchos de nuestros rasgos humanos, debiendo quedar siempre bajo nuestra supervisión y no sustituyendo en ningún caso la toma de decisiones. Si el hecho de conducir un coche con el piloto automático encendido va a suponer que las/os conductoras/es se relajen, no presten atención a la carretera y pierdan, en consecuencia, sus habilidades y reflejos, nos dirigimos hacia un futuro un tanto incierto.

Esta muerte ha sido la primera página negra de la historia moderna de los coches con piloto automático. Por el momento el uso de este tipo de vehículo es muy minoritario, pero la tendencia muestra un incremento exponencial de su venta. En consecuencia nos enfrentamos a un gran reto a nivel global para el que habrá que diseñar soluciones flexibles e integrales. Mientras tanto, la mayoría de nosotras seguiremos agarrando el volante

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