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¿Qué es la amaxofobia?

La amaxofobia, o el miedo a conducir, es un trastorno muy real que aparece, según los estudios de la Fundación Mapfre, desde siempre y que puede surgir de dos formas:

-Personas que sufren es un estrés postraumático, es decir, que han sufrido un accidente, o lo han presenciado, o alguien de su familia o una persona muy allegada, ha tenido uno grave, incluso con muerte.

-Personas que tienen la fobia por sus rasgos específicos de personalidad, la manera de afrontar el estrés y de resolver los conflictos.

Nuestra experiencia tanto en la ASOCIACIÓN DIA como en FUNDTRAFIC nos ha presentado casi exclusivamente casos del primer tipo, si bien es verdad que las variables de personalidad tales como un neuroticismo alto pueden favorecer la aparición de este miedo considerado irracional.

Cuando en el trabajo con víctimas hemos tratado con supervivientes a accidentes graves y no tan graves nos hemos encontrado en repetidas ocasiones situaciones en las que las víctimas nos relataban una creciente ansiedad a la hora de subir a los coches tanto como pasajeros o pasajeras o como conductores.

Una mujer se presentó en la asociación diciendo que se ponía muy nerviosa al pensar en subirse en un coche después de haber sido testigo de un atropello en el que la víctima falleció. Otra persona nos relataba una serie de pensamientos de muerte y ruina física a la hora de ir al volante tras haber sufrido un accidente con vueltas de campana y otra víctima que había perdido a un ser querido en un accidente se negó a coger el coche durante los primeros días y semanas tras el suceso, trasladando este miedo posteriormente a la carretera donde sucedió el accidente.

Un caso particular al que nos querríamos referir en este artículo es el de una compañera de trabajo que vive a diario los accidentes de los demás. Trabaja con las víctimas y las acompaña en la fase aguda y vive cada día el dolor ajeno provocado por los siniestros viales. Ella sufrió un accidente cuando se hallaba en avanzado estado de embarazo. El golpe que sufrió su coche fue justo en el sitio que iba sentada ella y tras el impacto no podía salir del vehículo. Desde el primer momento ella relataba mucha ansiedad y mucho agobio ante esta situación altamente estresante. No hubo causas físicas graves más allá de un latigazo cervical y a su hija no le pasó nada, pero el accidente si supuso un cambio en ella.

Ella había aprendido a lidiar con su labor en la ASOCIACIÓN DIA y a gestionar todas las emociones que le asediaban tras el trabajo con las víctimas. Todos los que trabajamos en esto pasamos por un proceso de adaptación en el que al principio tenemos más miedo a la carretera y las imágenes del dolor ajeno nos asaltan continuamente. Este proceso para ella había pasado y ya era capaz de controlar esas imágenes y de trabajar con una buena gestión de sus emociones. Tras el accidente volvieron todos los miedos, todas las imágenes negativas, con más fuerza que antes. Sentía una gran ansiedad al saber que tenía que subir a un coche, pensaba continuamente en las posibles consecuencias del accidente que por fortuna no se dieron. Era consciente de la irracionalidad pero aun así no dejaban de asaltarla…

En aquel momento se puso en marcha el “Programa piloto de Comunicación de Malas Noticias” en el que en colaboración de la Guardia Civil de Tráfico, la ASOCIACIÓN DIA acudió a los domicilios de los fallecidos en carretera para informar de lo ocurrido. Este programa en el que esta compañera estuvo implicada desde su inicio fue una experiencia en la que no pudo participar.

Son ejemplos de cómo las consecuencias psicológicas de los accidentes de tráfico pueden deteriorar gravemente la vida social y laboral de las personas que los sufren. Son ejemplos de cómo se pueden superar con relativa celeridad con el tratamiento adecuado evitando que se enquisten en la psique de la persona.

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